viernes, 22 de agosto de 2014

Una Reflexión

Milito desde hace demasiado poco en Izquierda Unida
y esto que trato de exponer no es mas que una impresión personal
sobre lo que ha sido mi acercamiento y desembarque en 
esta formación política.
 Durante muchísimos años de solitaria y silenciosa lucha
personal, fui recogiendo y asimilando los dulces y amargos
tropezones que cada situación o momento me iba brindando la vida.
No he sido formado bajo el dictado de ningún estamento
ni aparato controlador que orientase mi recorrido y por
lo tanto siempre me he sentido libre de pensamiento y de fe.
Jamas mis decisiones han sido compradas ni manipuladas mas
allá de la imparable manipulación que constantemente los medios
ejercen sobre nosotros, y que muchas veces nos duermen y engañan
mal intencionadamente.
Soy una persona muy curiosa, me gusta leer de todo, y siempre
me he sentido capaz de escuchar grandes monólogos políticos
al mismo tiempo que los iba analizando.
Toda esta curiosidad y deseo de saber cada día mas 
me condujeron un día no muy lejano a dar el paso de implicarme
mas directamente en una agrupación política que
consideraba y considero lo mas cercana a mi forma de entender
las cosas que ocurren.
Lo mas curioso es que es de suponer que alguien que se sentía tan
libre como yo, tan sin compromisos con nadie, hubiese tomado esa
decisión sin mas, me podía haber conformado con ser
un simple militante de los que va por las asambleas si le cuadra
y que intenta pasar lo mas desapercibido posible, y aunque
al principio mas por timidez y por desconocimiento casi
tuve esa actitud, yo tenía que hacerme la vida mas complicada,
y ahora explicare el porqué.
Desde las años 90 trabajo la mayoría del año en un sector
y una zona de pequeñas empresas familiares hortofruticolas,  
en las que afortunadamente y a pesar de lo estacional de
la producción estoy trabajando de 8 a 9 meses al año,
lo estacional e ínfimo de este submundo hace que
el sindicalismo y los convenios sean inexistentes, cuando yo
comenzé en esto se trabajaban los 7 días  de la semana
y unas 15 o 16 horas diarias al menos durante tres meses, y este
tipo de cosas son las que hacen que por muchos ideales e ideas
que uno tenga, se tenga que pensar bastante si le beneficia
o no señalarse en la lucha por la justicia, sobre todo si tienes una
familia en la que pensar y que necesitan de tu trabajo
para su sustento.
Por eso muchas veces antes de acusar a nadie de pasotismo
y de que solo se queja desde el sillón de su casa,
hay que ver que circunstancias le conducen a ser de esta manera.
Hay muchos casos en los que no se trata de pasotismo, muchos
casos en los que esto tiene otro nombre para definirlo, y ese
nombre es miedo, miedo a que tu justa y honrada lucha sea
un motivo para que no vuelvas a trabajar en determinada empresa,
miedo a que la mano que firma tu cheque deje de hacerlo ante
todo porque se encuentra en las antípodas de lo que tu defiendes,
y ese miedo nos vuelve cobardes, nos hace mudos y nos esclaviza
cada vez mas sin remisión.
Por todo esto digo que tuve que complicarme la vida al implicarme
mas de lleno en una organización política, y mas ganas de complicarmela
aún al declararme abiertamente comunista, si, comunista,
esos seres casi diabólicos que comemos niños.
Y porqué comunista?
pues muy fácil, porque bajo mi punto de vista solo el comunismo
te da la solución a los problemas actuales, solo el comunismo
a pesar de lo trasnochado que lo vean muchos, tiene un
remedio efectivo a todas las injusticias sociales que nos abruman, 
y por eso y para seguir complicándome la vida cada vez mas,
hasta que la meta sea alcanzada, yo me sentiré comunista.
Y seguiré luchando, al lado de los que al igual que yo abandonan
sus miedos y se complican la existencia, seguiré luchando
con mi gente, con mis camaradas, con mis compañeros, seguiré
luchando en Izquierda Unida.

martes, 5 de agosto de 2014

En Defensa de la Hoz y el Martillo

Ayer, cuando disfrutaba de mis vacaciones dedicado a la placentera tarea de no hacer absolutamente nada, un amigo me mandó un mensaje por whatsapp. Me había prometido dejar la mente en blanco, y no leer prensa, ni meterme en las redes sociales, ni quedar con nadie, ni en definitiva, hacer nada que pudiese enturbiar mi ansiado descanso. Para mi desgracia, tuve que coger el móvil y al abrirlo di al traste con mi meditado compromiso. Rosendo –que así se llama mi amigo-, me había mandado un extracto de una entrevista que hicieron no sé bien dónde, a Laura Domínguez, coordinadora local de Izquierda Unida en Burgos que, intentando hacer vendible y atractiva sus ideas al lector, llegó a decir en un momento dado que “ciertos símbolos como la hoz y el martillo estaban trasnochados”.  Ahí, con dos ovarios. Sentí un cabreo monumental, y maldije en silencio a Rosendo por haberme mandado el mensaje que había arruinado mi estado zen. ¿Trasnochada la hoz y el martillo? ¿Cómo podía ser que una dirigente de mi organización que –para más cinismo- es miembro del Comité Federal del PCE dijese tal barbaridad?

En unos segundos reflexioné sobre ello. Es cierto que hay partidos comunistas que no emplean la hoz y el martillo en su anagrama, y no por ello son menos revolucionarios. No sólo el revisionista partido francés, sino también el inmaculado cubano, habían entendido que no era necesario recurrir al símbolo para reclamar una idea y por eso no hacían uso de la hoz y el martillo en sus actos. Ciertamente la hoz y el martillo no es más que un símbolo, una imagen que hace perceptible una idea, y por ello, no deberíamos sentir miedo de abandonarlo si esto resultase productivo para nosotros.

Pero justo cuando llegaba a esa conclusión recordé que la tipa era de Burgos, y no pude evitar acordarme de mi camarada José Cordero, y de los años que pasó en el penal de esa ciudad alejado de los suyos por haberse atrevido a desafiar al régimen franquista. También pensé en el poeta Marcos Ana, y de los 23 largos años que estuvo encerrado allí, y de cómo este había descrito su vida en aquel infierno en las terribles noches de sacas en las que cientos de comunistas fueron asesinados. Todos aquellos héroes se sentían identificados con la hoz y el martillo, y aunque no muriesen por ella, sí que lo hicieron por las ideas que representaba. Los revolucionarios rusos inventaron la hoz y el martillo para expresar la unión de obreros y campesinos en el nuevo estado surgido de la revolución soviética de 1917, y a partir de ahí, este símbolo se convirtió en estandarte de los partidos que se adhirieron a la III Internacional; los nacientes partidos comunistas que se fundaron a lo largo y ancho del planeta. Es un símbolo heroico, y que representa la lucha de todos aquellos hombres y mujeres que dieron su vida por alcanzar la utopía, y que perecieron en campos de batalla, en las guerrillas y en las cárceles de toda Europa por enfrentarse al fascismo. Ese símbolo encarna innumerables batallas por conseguir la libertad en países tan remotos entre sí como Chile, España o Sudáfrica, y también representa la lucha por la dignificación del trabajo en todo el mundo. Por ese símbolo muchas personas arriesgaron su vida, que en muchos casos perdieron, sólo por construir un mundo mejor.

Sentimentalismos aparte, puedo entender que si un símbolo es contraproducente se pueda eliminar, aunque sólo sea por puro “marketing” político. Sin embargo no puedo tolerar el argumento por el que esta mujer propone acabar con la hoz y el martillo, pues temo que tras su afirmación se esconda algo mucho más perverso que una simple discusión de símbolos. Dado que Domínguez alude simplemente a que la hoz y el martillo “está trasnochada” creo que cuando apunta a ello se está refiriendo más que al símbolo a lo que representa, como si se avergonzase de que a los comunistas nos relacionasen con nuestro pasado ¿Es que acaso está trasnochada la lucha de los nuestros? ¿O es que la lucha de clases ha terminado y ya no hace falta un partido comunista? Espero, por el bien de los comunistas burgaleses, que yo esté equivocado y la metedura de pata de Domínguez no sea más que una anécdota, yo mientras, seguiré sintiéndome orgulloso de ser comunista y de sentir la hoz y el martillo como lo que es, el símbolo de las lucha más hermosa que puede afrontar una persona por la liberación de la humanidad.

Texto publicado en: Tercera Informacion